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Hijos de la sociedad Light Entrevista a la Dra. Amanda Céspedes Calderón-Neuropsiquiatra Infantil
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Durante los últimos 15 años que se ha dedicado al tema de la salud mental del escolar, lo que más ha pasado por las manos de Amanda Céspedes, neurosiquiatra infantil y profesora adjunta de la Pontificia Universidad Católica, han sido niños con déficit atencional y dice haber aprendido mucho de ellos y de sus familias. También sostiene que alrededor de este síndrome, del Ritalin y de los colegios se teje una cantidad enorme de mitos que hay que despejar.
El 95% de las personas tenemos una cantidad razonable de talentos intelectuales y sociales que se van desarrollando a lo largo del crecimiento. Para poder utilizarlos es necesario tener un administrador de recursos que existe en el cerebro, y que comienza a evolucionar alrededor de los 5 años, hasta lograr su pleno desarrollo en la adolescencia.
Sin embargo, Amanda precisa que, dependiendo de su funcionamiento, los seres humanos nos dividimos al menos en cuatro grandes grupos:
El primero y mayoritario (75% de las personas), que efectivamente puede empezar a utilizar bien su administrador de recursos en la adolescencia.
El segundo (10% de niños), donde esta área, por razones genéticas, madura mucho más tarde, cerca de los 20 años. Son los que identificamos como inmaduros y, en términos clínicos, corresponderían a los con síndrome de déficit atencional sin hiperactividad. En ellos, el principal problema es la dificultad de concentración, señala la doctora.
El tercer grupo (otro 10% de chicos) se parece al anterior, pero se diferencia en que son hiperactivos (los con el llamado síndrome de déficit atencional con hiperactividad). Son niños que hacen agua en el colegio por razones académicas, pero también por razones sociales. Tienen muy mala conducta y suelen ser rechazados por sus compañeros. Este es el grupo disfuncional, que va a arrastrar el trasto
Para Amanda, la gran voz de alarma debe ponerse en un nuevo grupo que aumenta peligrosamente y que se está desprendiendo de todos los anteriores, pero en especial del mayoritario (75%). Es tremendamente grave, porque ese grupo mayoritario era el único que tenía un administrador estupendo. Ahora, estos jóvenes y niños se están autoprovocando inadvertidamente alteraciones. La doctora explica que el daño proviene fundamentalmente de la deuda de sueño, la mala alimentación, el exceso de azúcar, el estrés crónico, el empleo de fármacos de uso social en exceso (alcohol, etcétera) y el abuso de los videojuegos.
Amanda denuncia que hoy en Chile se está diagnosticando entre el 50 y 70% de déficit atencional que no lo es. Y ese sobrediagnóstico es de los niños que provienen de lo que yo llamo el grupo del mal vivir. Hijos de la sociedad posmoderna, del acostarse a las doce de la noche, cero reglas, cero normas, que viven en esta sociedad light donde todo se improvisa.
Pero hay otro grupo que induce a error de diagnóstico, que son los niños con problemas emocionales. Hoy van en franco aumento. Sus comportamientos se enmascaran como si fuesen un déficit atencional, lo que dificulta el diagnóstico. Por ejemplo, la ansiedad extrema genera hiperactividad y la depresión crónica provoca desmotivación escolar.
Estas graves fallas hacen urgente - según Amanda- que los neurólogos infantiles aprendan siquiatría infantil o dejen definitivamente de diagnosticar ese transtorno. Creo que la gran mayoría de los errores de diagnósticos están hechos por neurólogos y no por siquiatras. Los siquiatras infantiles nos damos más tiempo.
Si por error a un niño normal se le da Ritalín, las consecuencias pueden ir desde concentrarse en forma excesiva hasta tener alucinaciones, dependiendo de la dosis. Amanda agrega:
Aproximadamente el 25% de los niños de enseñanza básica de colegios privados toma Ritalín y presumo que de ese 25% el 15% lo está tomando sin necesitarlo. Como las dosis son bajas, es igual que estar dándoles café: están alertas, muy concentrados, ansiosos, tienen taquicardia y aumento de la presión arterial, a lo mejor están rojos. Pero entre 45 niños, la profesora no se va a dar cuenta.
La especialista no culpa del sobrediagnóstico a los colegios.
Cada día los profesores están recibiendo en las aulas niños más inmanejables. Chicos que llegan al colegio en el más completo y absoluto estado de desafinación, porque pertenecen al nuevo grupo de los que duermen mal, se alimentan mal, que están ansiosos, estresados, que en las casas se les trata pésimo o se les castiga. Hoy los profesores viven una realidad pavorosa: entre el 60 y 65% del tiempo de la actividad escolar lo tienen que destinar a mantener la disciplina. La mayoría de los profesores que he conocido son héroes y heroínas silenciosas, que tratan de hacer bien sus cosas.
Amanda sostiene que del total de niños con déficit atencional, sólo la mitad debiera usar metilfenidato. Y enfatiza:
Más que usar Ritalín, lo que se necesita es recuperar la cordura, fundamentalmente educar a las mamás jóvenes de que es muy necesario volver a como era la vida antes. También es fundamental hacer un muy buen diagnóstico, porque un niño es una responsabilidad enorme. Y para eso no sólo hay que tener tiempo, sino que también se requiere habilidad para preguntar, para sospechar, para observar. Ahí quisiera poner el dedo en la llaga, porque todavía en Chile, en 2001, los especialistas en salud mental siguen atendiendo con el modelo médico de los 20 minutos por paciente. No hay que darse nunca por satisfecho antes de hacer un diagnóstico. Sólo después de eso se puede recetar Ritalin. Y, si lo receta bien, bienvenido.

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